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Una escuela para refugiados

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Estefanía Rebellón ayuda a que reciban educación niños que viven en campos de refugiados.

EN UN CAMPAMENTO de cientos de migrantes refugiados en Tijuana, México, una niña de tres años caminaba sola hacia la salida. Se encontraba a tan solo unos pasos de una calle muy transitada y un mercado lleno de gente.

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Estefanía Rebellón parece ser la única persona que se dio cuenta. La actriz, productora y escritora acababa de realizar con amigos un viaje de dos horas y media desde Los Angeles para llevar alimentos, ropa y kits de higiene a una organización humanitaria.

Era diciembre de 2018, un momento en el que la frontera entre los Estados Unidos y México estaba viviendo una tremenda oleada de migrantes de Centroamérica que escapaban de la violencia y la pobreza.

Rebellón no podía creer lo que veían sus ojos: familias de refugiados enteras que carecían incluso de las necesidades más básicas. Rebellón corrió hacia la niña y la tomó de la mano. “¿Adónde vas? ¿Dónde están tus padres?” le preguntó. Finalmente, ella y sus amigos encontraron al padre de la niña, presa del pánico, que se había alejado para recibir comida.

El drama de los refugiados

De regreso a casa, Rebellón no podía pensar en otra cosa que en los refugiados. “Tenemos que hacer algo”, le dijo a su compañero, Kyle ­ omas Schmidt. Una escuela para niños parecía ser un espacio seguro para aprender y reunirse.

Entonces, Rebellón y Schmidt reclutaron maestros voluntarios a través de las redes sociales y, con mil dólares de sus ahorros, armaron una escuela improvisada en la frontera de Tijuana. Las clases se llevaban a cabo en dos grandes carpas.

En cinco años, ese programa piloto se ha convertido en la Fundación Mundial Yes We Can, una organización que opera en un ómnibus escolar reconvertido en aula y cuenta con dos escuelas físicas en Tijuana y otra en Ciudad Juárez, una ciudad fronteriza.

Financiados por donaciones, los maestros formados de la fundación han brindado educación bilingüe a más de 3.000 niños de entre 3 y 15 años. Las escuelas siguen el plan de estudios del Ministerio de Educación de México.

Además, Yes We Can ofrece cursos especiales, incluido uno que ayuda a los niños a conocer mejor la migración humana. “Lo que empezó como una solución temporal se ha vuelto permanente”, dice Rebellón.

El proceso de solicitud de asilo en los Estados Unidos o México puede ser largo y complicado: la mayoría de las familias viven en la frontera entre tres y cinco meses.

Rebellón ha recibido numerosas distinciones por su trabajo y está ayudando a niños que la recuerdan a ella misma hace décadas. Ella tenía diez años cuando tuvo que salir huyendo con su familia de su ciudad natal Cali, Colombia.

Su padre, abogado y profesor universitario, recibía cartas amenazadoras de un poderoso grupo guerrillero. La familia de cinco miembros viajó a Miami, Florida, con una visa de turista y solicitó asilo. “Fue toda una experiencia”, dice.

El éxito del programa se ve por sí solo, afirma Josh Phelps, exdirector de operaciones de World Central Kitchen, que ha proporcionado comidas a algunas escuelas de Yes We Can.

“Los niños realmente lo disfrutan. En sus caras se ven reflejadas amplias sonrisas”. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 6,6 millones de personas viven en campos de refugiados en todo el mundo.

Rebellón dice que le gustaría ampliar el alcance de la fundación y apoyar a más niños migrantes. “Ella es un portento”, a‑fima Phelps de Rebellón, “y creo que es una de las personas más importantes que trabajan en la frontera en este momento”.

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