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El auge del Stand Up

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Conocé por qué cada vez más gente elige aprender este género cómico

Víctor es el primer caso que elegimos contar. Pero sin duda no el único. Es psicólogo. Estudia stand up. Dice no tener pretensiones profesionales. Si se llegara a dar, tampoco le molestaría pero no busca eso. Para él, el stand up es un maravilloso cable a tierra y el humor lo ayuda mucho en su tarea como psicólogo: “El humor ayuda a poner blanco sobre negro y negro sobre blanco. Es muy eficaz en las sesiones terapéuticas: yo no entiendo por qué la mayoría de mis colegas no lo usa”.

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Angelini, uno de los grandes maestros, con quien estamos ahora, es a la vez riguroso y simpático con sus alumnos.

— Vos sabés que yo te quiero mucho— le dice a una señora.

— Sí, yo también te quiero— responde ella, que intuye lo que se viene.

— Hiciste todo lo contrario de lo que hay que hacer— afirma, tajante, y pasa a detallar por qué.

La economía es, para Angelini, la clave del stand up. Los chistes se componen de premisa, pie y remate: cada palabra que escape a esta regla de oro hace que el chiste pierda gracia. Si la premisa no es clara, el chiste está destinado al fracaso; si el remate no es contundente, también.

Antes de volcar sus conocimientos en Buenos Aires, Angelini viajó a los Estados Unidos, hizo mucho Open Mike (pequeñas rutinas a la gorra de tres minutos, en bares pródigos de borrachos interesados en arruinarle la carrera a los que suben al escenario), y aprendió con Judy Carter, la profesora más famosa del mundo en esta materia.

“En el stand up no hay peluquitas, ni escenografías ni disfraces. Tenés que saber el ritmo, la técnica, las leyes de la comedia, entender la cuestión de la estructura, porque el humor es mucho más lógico de lo que la gente cree. Judy me enseñó todo eso cuando yo estudiaba. Una vez resuelta la cuestión de la estructura, hay que aprender el timing: meter el comentario justo, la pausa justa, la música perfecta. Digamos que ‘estructura’ es saber cómo se toca la guitarra, conocer las notas musicales, etc., mientras que ‘timing’ implica el sentimiento, la manera, la duración exacta de cada nota”, dice Angelini.

Para este maestro, el boom del stand up es el heredero del café concert de los 70, del teatro underground de los 80, y de los match de improvisación de los 90: un movimiento cultural fuerte, vital y joven que expresa lo nuevo. 

Sebastián Wainraich fue alumno de Angelini y de Rocco, y es acaso, el más conocido de los comediantes de stand up. El conductor del programa televisivo Televisión Registrada, TVR, y del programa radial Metro y Medio, se inició en el género como fan: acudió a ver un show de la primera temporada de Cómico y quiso estar allí, sobre el escenario. Al poco tiempo le envió un guión a la productora, se sumó a la producción, se largó a probar sus rutinas en pequeños bares, y terminó incorporado al elenco. Wainraich dice que todos sus trabajos se retroalimentan, en la medida que en todos le interesa hacer reír a la gente.

—Sin embargo, hay una parte del monólogo que no hace reír a nadie y que me gusta muchísimo. Es cuando hablo de la muerte: a mí me causa gracia y a la gente no. A veces el stand up puede ser un buen espacio para profundizar sobre algún tema, sin necesidad de estar pendiente del remate.

Dan Trugman, comediante habitué de “El Bululú”  y también profesor de stand up, dice que el monólogo es algo así como “una versión interpretada de nosotros mismos”. Y agrega:

Le ponemos una lente de aumento a nuestras falencias y el público agradece que abramos nuestro corazón y mostremos lo que regularmente está oculto. Mis alumnos viven de manera catártica la exposición de sus desventajas y la posibilidad de reírse de ellas.

Mientras Trugman habla, a su lado asiente Osvaldo, uno de sus alumnos. Tiene 52 años y dice que su tema es “la inseguridad”: el miedo a la muerte propia y la de quienes nos rodean.

– Se me han muerto padres, amigos, se enferma la gente a mi alrededor. Es un tembladeral y, frente a eso, si te deprimís, te enfermás. El stand up nos prepara para enfrentar todas las situaciones de la vida. Es ideal para fóbicos. Un ejercicio muy lúdico, liberador y catártico. Toca las fibras más íntimas de cada persona y hace reír hasta al más melancólico. Tiene una estructura lógica. Cada chiste es una máquina. Y por suerte se aprende a ser económico, gracias a la práctica. Este es el monólogo cómico. Lo llaman stand up comedy. Cada vez tiene más público y mucha gente estudiándolo.

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