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Pionera en el cuidado del medio ambiente

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Yolanda Ortiz, la funcionaria que lideró el ingreso de la mujer en las políticas «verdes» de Latinoamérica.

Cuando Yolanda conoció a Perón tenía un nudo en la garganta. Ocurrió durante el último mandato del presidente argentino, en 1973. Juan Domingo Perón volvía de España a ejercer su tercera presidencia. Ella había llegado de París hacía muy poco. Vivía, en 1968, frente a la universidad de La Sorbona. Desde el balcón primero y, después, en las calles, fue protagonista ocasional del mítico “mayo francés”.

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Yolanda Ortiz, nacida en Tucumán y doctora en Ciencias Químicas de profesión, iba a ser la primera Secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Argentina. En realidad su puesto resultó inaugural en toda Latinoamérica. A los 83 años recuerda lo que le dijo a Perón cuando le ofreció el cargo, el día del nudo en la garganta: “Voy a tratar de prevenir para que no tengamos que salir a apagar incendios” e, imitando la disfonía del propio presidente, recuerda lo que recibió por contestación: “Usted habla mi mismo lenguaje, nos vamos a entender muy bien…”. Sonríe plácida, con cierta ensoñación, al recordar aquel pasaje intenso de la mitad de su vida.

Cuando Yolanda era funcionaria estaba de moda el conservacionismo. “La salvación de las especies en extinción, los pandas, los grandes paisajes, pero no había unidad en la defensa, todo aparecía por separado. Nosotros empezamos a trabajar en lo interdisciplinario teniendo en cuenta el paisaje urbano pero también pensando qué mutaciones sufriría el campo, la migración de las poblaciones a las grandes ciudades. Creamos el Consejo Federal del Medio Ambiente (COFEMA), órgano donde participaban todas las provincias, y pensábamos diseñar desde allí la política nacional. Pero todo acabó con la muerte de Perón”.

Era la única mujer en un gabinete formado íntegramente por hombres. Su Secretaría pasó a depender del Ministro de Economía de entonces, José Ber Gelbard. Se trató de una decisión estratégica de Perón, quien entendía que todas las disciplinas serían cruzadas por el factor ambiental. En un documento novedoso para la época decía que, entre todos los problemas, “el” problema era el ambiental, y que había que poner en valor los recursos naturales que abundaban en el país, por lo tanto la planificación de la nación no podía estar divorciada de la atención que merecían esas riquezas.

“Lástima que no fue comprendido, no lo entendieron los políticos ni la sociedad; en esa época todas las energías estaban puestas en una lucha contra el modelo, pero del otro lado no había propuestas alternativas. En medio de disputas intestinas hablar de la ecología era algo que no podían comprender ni los políticos más lúcidos, por lo tanto ni en su propio partido Perón encontró el eco que esperaba. Tampoco hoy el tema ambiental se ha instalado de la mejor manera, es cierto que las personas hablan más pero veo que aparece como negocio o como conflicto, falta la visión integral del nuevo paradigma”.

—En esa época especialmente, ¿no se contraponía la defensa del medioambiente con la economía?

—Sí, resultó muy difícil porque la economía no estaba acostumbrada a subordinarse ni atender las cuestiones del entorno, además la crisis ambiental pone de manifiesto el fracaso de un modelo que, entonces, los economistas no estaban dispuestos a revisar.

—¿Cuáles eran sus preocupaciones cuando asumió? ¿Qué decidió atacar primero?

—Recuerdo que entre las primeras medidas decidimos poner el ojo en las industrias instaladas en torno a focos de contaminación y se había dispuesto que, para habilitar nuevas, éstas deberían asumir un compromiso ambiental consistente en declarar qué manejo harían de sus desechos. Planteábamos que no era posible que las empresas no considerasen el ambiente: si se llevaban las ganancias, no podían dejar arruinado el ambiente de donde sacaban las materias primas. Eso hacía que Economía dijera que nosotros frenábamos el desarrollo.

—Y ser mujer en un gabinete de hombres, ¿le complicaba las cosas?

—Resultó difícil porque las mujeres siempre estamos dando exámenes. De todas maneras, haber formado parte de ese gobierno es una de las cosas más importantes que me pasaron en la vida. Y creo que he sido consecuente: aún hoy sigo trabajando en los temas ligados al ambiente.

Una vida de servicio

Las inclinaciones políticas de Yolanda nacieron en el seno de la Democracia Cristiana; “desde siempre estuve atenta a las necesidades de la gente, la vida en las villas de emergencia y la inequidad son preocupaciones que me han acompañado desde muy joven”, recuerda desde el departamento austero donde vive. “Siempre tuve en claro que la creación de la Secretaría tendría un rol decisivo en la generación de las nuevas políticas y confiaba en los cambios, aún hoy soy optimista en todos los aspectos de mi vida”.

Pero murió Perón. Y de inmediato el ex Ministro de Bienestar Social, José López Rega, requirió que la Secretaría de Ambiente pasara a su órbita. Encontró una cerrada negativa en Yolanda Ortiz. La actitud férrea que mantuvo para no subordinar la Secretaría a su cargo le valió su salida bastante triste del gobierno.

Hoy, Yolanda tiene 83 años y sus inquietudes la tienen todavía muy activa en oficinas de la actual Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Trabaja ad honorem y sigue proclamando el valor estratégico de los recursos naturales, y la necesidad de defenderlos “con uñas y dientes” utilizando como herramienta indispensable la educación.         

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