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La miopía, un mal en aumento

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Miopía

¿Qué hay detrás del marcado aumento de casos de miopía, una afección que impacta en la vista?

Alrededor del 40 por ciento de la población mundial tiene miopía; y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) casi la mitad de esa población la padecerá en 2050. Aunque sin duda tenemos la vista cada vez más borrosa, los expertos han comenzado a entender por qué hace poco tiempo.

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Qué es la miopía

La miopía es un fenómeno que suele aparecer en la infancia. Se presenta cuando el globo ocular crece demasiado en sentido longitudinal y adopta una forma ovalada en lugar de esférica.

Los ojos tienen un “freno de mano” que les permite crecer a un tamaño que se corresponda con las dimensiones de la cabeza, explica  Gregory Schwartz, profesor de los departamentos de Oftalmología y Neurociencias de la Escuela Feinberg de Medicina en la Universidad Northwestern, Estados Unidos.

Sin embargo, ese freno a veces se descompone debido a factores genéticos o medioambientales. Lo anterior provoca el crecimiento excesivo del globo ocular, que entonces queda demasiado largo en relación con el resto de las estructuras del ojo (en especial del cristalino y la córnea, cuya función es dirigir los haces de luz). Como resultado de este desajuste, los objetos lejanos se ven borrosos.

Los efectos de la miopía

Entre los signos que indican la posible presencia de miopía también se encuentran las jaquecas o la fatiga ocular durante ciertas actividades, como el manejo o la actividad deportiva.

Aunque nuestra primera reacción es atribuir el fenómeno al uso cada vez mayor de las pantallas, los expertos creen que esa no es la razón exacta, aunque está relacionada: se trata del tiempo que pasamos en exteriores.

La luz natural es fundamental para el desarrollo sano del ojo, explica Schwartz. De acuerdo con un estudio publicado en JAMA Ophthalmology, existe una correlación entre la mayor exposición a los rayos UVB y la disminución de la miopía, sobre todo en niños y jóvenes. La exposición a la luz natural estimula la dopamina, que regula el crecimiento y el desarrollo normales del globo ocular. La luz artificial no funciona en este sentido. En condiciones ideales, los niños deberían recibir al menos dos horas de luz natural al día.

Miopía y pantallas

Por otro lado, el uso cada vez más prolongado de pantallas sí representa un problema. Y es que los elementos suelen aparecer con un alto grado de contraste en la mayoría de estas. Así, vemos texto negro en un fondo blanco o texto claro en un fondo oscuro, indica Schwartz.

Aunque todavía es una hipótesis, algunos expertos consideran que el contraste al leer un libro o mirar una pantalla en un cuarto oscuro hiperestimula la retina y propicia el mayor crecimiento del ojo en los niños.

Durante un estudio publicado en Scientific Records, expertos analizaron las vías retinianas asociadas con la lectura de texto negro en fondo blanco o la observación de estímulos en la naturaleza. Tras hacer una comparación, concluyeron que el contraste promueve el desarrollo de la miopía. De igual manera, se ha comprobado que las actividades visuales a distancias cortas, como la lectura y el uso de pantallas, promueven el desarrollo de la alteración.

Medidas para detener la epidemia de miopía

Los investigadores están buscando formas de frenar las crecientes tasas de miopía. De acuerdo con un estudio clínico de la Universidad Estatal de Ohio, el colirio con dosis bajas de atropina puede retardar el desarrollo de la miopía en niños. Asimismo ciertos lentes de contacto, conocidos como lentes de desenfoque periférico, podrían evitar su empeoramiento.

La vista se suele estabilizar en la adolescencia, aunque hay quien desarrolla miopía en etapas posteriores, por lo general entre los 20 y los 40 años. La vista borrosa no es el único inconveniente; la miopía eleva el riesgo de padecer otras alteraciones cuando envejecemos, como glaucoma, cataratas y degeneración macular. Por ello son importantes las revisiones periódicas.

La fatiga ocular también puede disminuirse mediante sencillos cambios de hábitos, como leer o trabajar con la iluminación adecuada, adquirir pantallas antideslumbrantes y tomar descansos frecuentes.

“Después de cierto tiempo frente a una pantalla, la frecuencia de parpadeo disminuye de 18 a entre seis y ocho veces por minuto, lo que reseca e irrita el ojo”, señala Yuna Rapoport, oftalmóloga de Manhattan Eye, de Nueva York. La especialista recomienda seguir la regla 20-20-20 al utilizar la computadora: cada 20 minutos, dirija la mirada a un punto a 6 metros de distancia durante 20 segundos.

Asimismo, la experta señala que la resequedad e irritación del ojo pueden tratarse con colirio de venta libre, pomadas o medicamentos de venta recetada. Y, por supuesto, nunca olvide utilizar sus lentes de contacto o anteojos.

EXTRA: Ejercicios para el dolor de cuello

 

Paso cinco horas al día viendo mi teléfono. Al menos es lo que indica una notificación semanal. Lo anterior me ha llevado a padecer el síndrome de cuello tecnológico, en el que la cabeza se desplaza hacia adelante, la espalda y los hombros se encorvan y hay dolor en la espalda, los hombros y el cuello.

Acudí a un terapista físico que me recomendó algunos estiramientos para disipar la tensión. A lo largo de una semana, tomé descansos de cinco minutos tres veces al día para mover la cabeza hacia atrás y luego hacia adelante, como si quisiera tocarme el cuello con la barbilla.

Luego, practiqué la postura de la cobra (recuéstese boca abajo con las palmas de las manos en el tapete, junto a los hombros; eleve el torso y mire hacia el frente) e hice unas cuantas rotaciones de espalda (siéntese en el tapete con las piernas cruzadas; lleve la mano derecha a la rodilla izquierda; gire el torso lentamente a la izquierda y repita del otro lado). Además, coloqué mi celular a nivel de los ojos.

Sentí alivio de inmediato; pero lo mejor es que miré menos el celular

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