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¿Cuál es el origen de la bolsa de valores?

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Antes del siglo XIX eran reuniones informales de comerciantes de comerciantes, en los barrios mercantiles de las ciudades.

Las poco más de 130 bolsas de valores existentes en el mundo remontan sus orígenes al siglo XIII en Francia y los Países Bajos. Los comerciantes negociaban letras de cambio, pagarés emitidos a cambio de préstamos. Si alguien tenía una letra de cambio y necesitaba dinero antes del vencimiento, podía vendérsela a otro.

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Pero no fue sino hasta el siglo XVII cuando los mercados de valores comenzaron a evolucionar hasta su forma actual. La bolsa de Amsterdam, fundada en 1611, es la más antigua, e Inglaterra implantó en 1697 un sistema para reglamentar la actividad de los comerciantes de acciones.

Hasta principios del siglo XIX la mayoría de las bolsas de valores consistían en reuniones informales de comerciantes, en los barrios mercantiles de las ciudades. En Londres, por ejemplo, los negocios se concertaban en cafeterías; y en Nueva York, los comerciantes se reunían al aire libre en lo que hoy es Wall Street. Pero el auge industrial y la explosión en el número de acciones y títulos en oferta, crearon la necesidad de establecimientos permanentes.

La bolsa de Nueva York es la plaza bursátil más grande del mundo: maneja 60% del comercio mundial de valores, unas 1,500 compañías. La bolsa de Tokio ocupa el segundo lugar: en ella cotizan casi tantas empresas como en la de Nueva York, pero maneja un monto de acciones 50% menor.

¿Qué se hace contra la especulación bursátil?

Desde los inicios de la bolsa de valores, la gente ha intentado cometer estafas. En la década de 1720, John Aislabie, ministro de Hacienda inglés, fue encarcelado por «infamante corrupción»: se había llenado los bolsillos vendiendo acciones de la South Sea Company, una empresa especulativa que arruinó a muchos inversionistas.

Todos los países han establecido leyes para impedir los fraudes, y algunos tienen organismos especializados cuya función es procurar la observancia de la ley.

Uno de los más graves delitos, y uno de los más difíciles de evitar, es la especulación «oculta», que consiste en el uso de información confidencial de una empresa para obtener ganancias ilícitas de sus valores. Por ejemplo, el especulador puede comprar acciones poco antes de que la compañía anuncie un incremento de utilidades, o venderlas antes de que anuncie pérdidas.

En 1986, Ivan Boesky, conocido hombre de finanzas de Nueva York, fue acusado de especular en valores haciendo uso de información secreta sobre fusiones de compañías, por la cual pagó sumas enormes.

La prolija declaración de Boesky condujo al arresto de banqueros y hombres de negocios tanto en Nueva York como en Londres. Fue sentenciado a tres años de prisión.

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