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Familia rodante busca un mundo nuevo

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Una pareja dejó todo para recorrer el mundo creando conciencia ecológica.

Nunca es tarde para comenzar de cero

Cuando Fred, de 47 años, y Laura, de 35, se conocieron difícilmente hayan imaginado que vivirían durante largos períodos a bordo de un camión. El MAN que los transporta —de acero puro— no es cualquier camión; es una unidad grande y fuerte equipada con lo indispensable para trasladar a esta pareja de franceses y sus dos hijos de 7 y 2 años, si es necesario, hasta el fin del mundo.

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La idea se le ocurrió a Fred Cebron, un prestigioso camarógrafo y realizador de documentales sobre la naturaleza que durante 20 años trabajó para Canal+ y TF1 France Televisión. En uno de sus viajes, mientras retrataba el comportamiento de los volcanes del Ecuador, en medio del campo y las montañas, pensó lo que le iba a decir de regreso a Laura, su mujer.

Cuando Fred llegó al centro de París donde vivían, se le puso enfrente y pronunció una parrafada corta:

“Lo único que me falta cuando estoy rodeado de los mejores paisajes y los espacios más puros es mi familia; si tú quieres podemos comprar un camión y viajar con los niños, salir todos juntos…”

Y Laura aceptó. Se emocionó y dijo “oui”. Subastaron la casa, distribuyeron todo lo que guardaban en ella entre amigos y parientes, vendieron el resto, abandonaron l

o que venían haciendo y compraron el camión. “Antes vivíamos en una casa de 150 metros cuadrados con muchas cosas —explica Fred en un alto de la gira, en Buenos Aires—, ahora vivimos en 13 metros cuadrados con cuatro platos y cuatro vasos; llevamos lo indispensable.” “Es una pequeña casa, pero es nuestra casa”, agrega ella.

Fred destaca que cuando decidió equipar la unidad pensó mucho en la seguridad de su familia: “Con este camión podemos vivir un mes en el desierto.” El vehículo cuenta con un depósito apto para contener 600 litros de agua y otro idéntico para las reservas de combustible, un generador eléctrico que provee a la unidad de 220 voltios y suficiente espacio como para almacenar los alimentos.

Como Laura es maestra, mantiene  actualizado a Martin que ya debiera estar en la primaria. En este punto, Fred se ríe con complicidad y dice que difícilmente la escuela podría proveer tanto conocimiento a su hijo como la aventura de recorrer el mundo en búsqueda de soluciones ecológicas, frente a dilemas tales como la falta de energía, la escasez de alimentos o los suelos improductivos. Esas inquietudes los alientan y marcan el rumbo de la caravana familiar.

El proyecto ideado por Fred se llama Martin au tour du monde (Martin alrededor del mundo) y durará cinco años. Empezó en Islandia y de ahí se vinieron al sur para recorrer Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y Ecuador. Luego irán a China, Mongolia, Indonesia, toda Asia, un año en Australia y Nueva Zelanda. Terminarán en 2014, en África, cuando Martin cumpla once.

El realizador dice que su prisma es el ojo de su hijo mayor, una mirada fresca, curiosa y llena de ilusiones. Martin representa el futuro y sale a encontrarse con alternativas posibles, aquellas que quizá se constituyan en las grandes soluciones para los problemas que hoy vive la humanidad. Han salido a buscar 50 opciones diferentes, ambientalmente sustentables, que reflejen un nuevo modelo posible y que ya implementen particulares o pequeñas organizaciones en diversos lugares del planeta.

El propósito es retratar lo que se ha hecho y amplificarlo de todos los modos posibles. Fred sabe cómo hacerlo y cuenta con los recursos y la voluntad para concretarlo. “A menudo en las noticias hablan de lo que es malo y no funciona. En el mundo hay muchas personas que tienen buenas ideas. Quiero encontrar a los que creen que se puede”, asegura.

Con tales fines el camión, además de todo, cuenta con una isla de edición donde el documentalista francés puede volcar todos sus videos, editarlos, insertarles música y hasta subirlos a la Web para que, gratuitamente, todas las personas que deseen se puedan enterar. En martinautourdumonde.com se puede seguir la aventura en vivo a través de pequeñas secuencias de viaje. El trabajo completo incluye la realización de 50 documentales que plasmarán en alta definición cada una de las iniciativas.

A la búsqueda de nuevos retos. La ronda alrededor del Mundo empezó en 2009 en Islandia, una isla volcánica situada en el Círculo Polar Ártico, sin árboles ni fuentes de combustibles fósiles. Pero hay una característica que los atrajo: producen energía geotérmica a bajo costo. Además se han constituido en los reyes de la agricultura ecológica gracias a la electricidad y el vapor que salen de la tierra, indispensables para el funcionamiento de sus invernaderos. La visita que hicieron les mostró con claridad cómo es posible cultivar tomates, zanahorias y bananas ¡en tierra congelada!

Cada episodio refleja una pregunta abierta: ¿Y si pudiésemos? Entonces se muestran los resultados. Si pudiésemos elegir energías limpias, como la geotérmica, obtendríamos los resultados citados en Islandia; si decidiésemos optar por los beneficios de la energía solar lograríamos ser más eficientes como el puñado de ciudadanos de la puna salteña, en la Argentina, que recibe capacitación para la autoconstrucción de cocinas solares.

La solución ya no los hace depender de la leña en una región donde la vegetación es escasa y baja y la desertificación acelerada desde hace 30 años. Ya son 2.500 los beneficiarios que ahora aprovechan los 340 días de sol que tienen al año y cocinan sus alimentos con energía gratuita que no provoca daños. La práctica permite el ahorro de unas 500 tn de dióxido de carbono por año.

Una enseñanza tras la aventura

Este francés, con su familia a cuestas, alienta estas experiencias y colabora para que quede registro. En Colombia se instalaron en la selva húmeda e hicieron foco en otro proyecto “limpio” y posible de replicar: la extracción artesanal del llamado “oro verde” que permite a las comunidades locales obtener la mayor parte de las ganancias, una proporción inversa a lo que ocurre con las grandes explotaciones mineras y que, además, asegura la perdurabilidad de los bosques y el agua de la zona.

En Ecuador conocieron todas las prestaciones del bambú y la fortaleza que tiene para ser utilizado en construcciones populares; en el salar de Uyuni, Bolivia, el fabuloso potencial del litio como fuente de energía alternativa, y en Perú alentaron a un grupo de niños para que, cada uno, dibuje un pequeño jardín como símbolo del planeta deseable.“ Los niños desde pequeños deben tener la naturaleza en su corazón. Todo lo que hacemos no es para nosotros, es para los que vienen después”, apunta Fred.

Y agrega: “Las personas no somos muy diferentes en el mundo. Lo fundamental es lo mismo para todos: somos parte de la naturaleza. Nosotros, que vivimos en Francia u otros lugares de Europa, pensamos que todo es dinero, pero la verdad no es así. La felicidad no tiene que ver con la plata. El amor es lo fundamental en la vida”. No lo dice místico, lo dice natural.

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