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Alergias estacionales: olfatear el otoño

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Persona con alergia

Dos de cada diez adultos sufren alergias estacionales y el cambio climático está empeorando aún más la situación.

AH, LAS PRIMERAS SEÑALES del otoño… Las hojas caídas de los árboles, los primeros fríos… O tal vez advierta la llegada de esta estación porque su nariz comienza a gotear, no puede parar de estornudar y sus ojos se ven rojos e irritados.

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Se estima que el 20 por ciento de la población sufre alergias estacionales que pueden comenzar en febrero y extenderse hasta bien entrados los meses del invierno. Pueden desencadenarse como resultado de los ácaros del polvo doméstico y a las infecciones virales ya que solemos estar más tiempo en ambientes cerrados.

Los ácaros son arácnidos diminutos que habitan en el interior de los hogares y necesitan la presencia de humedad para sobrevivir y reproducirse. El otoño y el invierno se vuelven épocas proclives a las alergias respiratorias, por la alta reproducción de estos diminutos organismos y, al mismo tiempo, coincide con una época en la que permanecemos más tiempo dentro de ambientes cerrados (casas, oficinas) y ventilamos menos a causa de las temperaturas bajas.

El cambio climático y las alergias

“Hace diez años que sufro alergias, pero realmente han empeorado en las últimas temporadas”, comenta Patrick Boyd de Toronto. Este hombre de 30 años no es el único que experimenta mayor severidad en los síntomas de la rinitis alérgica, que suele incluir goteo nasal constante, ojos llorosos o irritados y picazón de garganta.

La rinitis alérgica es una reacción de las membranas de la mucosa de la nariz después de una exposición a determinados alérgenos que circulan en el aire como el polvo. También se suele presentar en primavera ante la presencia de polen. Los expertos creen que el cambio climático puede ser responsable de una creciente presencia de alérgenos.

“Lo que en realidad embarulla las cosas es que los inviernos duran más tiempo y luego quedamos cara a cara con temperaturas básicamente veraniegas”, explica la doctora Anne Ellis, científica clínica y jefa de la división de alergias e inmunología del Departamento de Medicina de la Universidad de Queens en Kingston, Ontario.

Por ejemplo, en primavera, este cambio repentino de temperatura genera pánico en los árboles, que “bombardean” polen en lugar de cubrirse lentamente de brotes y florecer, explica la experta. Y, como los árboles liberan polen en diversos momentos y áreas, ahora se produce un solapamiento con la temporada de polen del césped. “Para quienes son alérgicos a ambos elementos, este es un doble revés”, comenta Ellis.

Para complicar aún más las cosas, la rinitis alérgica se ve agravada por el mismísimo factor que desencadena el cambio climático: la contaminación del aire. Investigaciones del laboratorio de Ellis muestran que los escapes diésel empeoran muchísimo los síntomas de la alergia a la ambrosía.

“Si vive en un área urbana donde se registra contaminación del aire vinculada con el tránsito, es probable que se intensifiquen sus síntomas”, explica.

Ayuda profesional ante las alergias

Por suerte, hay acciones para reducir la exposición a ácaros como ventilar los ambientes de casa, aspirar los sillones y limpiar frecuentemente las sábanas y las frazadas. Además, mantener los ambientes ventilados sirve como medida fundamental para prevenir la transmisión de otras enfermedades respiratorias, como Covid, gripe y resfríos.

A pesar de cuán frecuentes se han vuelto las alergias estacionales (o tal vez en parte debido precisamente a eso), muchos tienden a restarles importancia y considerarlas simples resfríos de época. Pero las personas que sufren los síntomas todos los santos días, a veces durante meses sin descanso, realmente se ven perjudicadas, afirma Ellis.

Nadie muere de un resfrío, pero este problema sí tiene un enorme impacto en la calidad de vida de quien lo padece”, agrega. Boyd recuerda sentirse frecuentemente irritable debido a las molestias que experimentaba en ojos y nariz. “Las alergias también me provocaban dolor de cabeza”, dice.

Al igual que aproximadamente tres cuartos de las personas con rinitis alérgica, nunca consultó a un médico por esta cuestión, pero afirma que los síntomas han empeorado tanto que está considerando pedir un turno.

“Si los antihistamínicas de venta libre (aunque no es recomendable la automedicación) no funcionan, es hora de consultar a un médico”, afirma Ellis. Un profesional puede indicarle mejores antihistamínicos, esteroides nasales, gotas para ojos y, si fuera necesario, derivarlo a un alergista que evalúe si es candidato para inmunoterapia.

Estos tratamientos pueden comprender comprimidos sublinguales o una serie de inyecciones que lentamente minimizan la reacción de su organismo al alérgeno de manera que no experimente tantos síntomas, explica. “Lo más importante es no sufrir en silencio”

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