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Nuestra huella en el planeta

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Descubrí lo que nuestras acciones provocan en el medio ambiente.

Si todo el mundo en nuestro planeta llevase mi mismo estilo de vida, necesitaríamos casi dos planetas.” Cuando en la pantalla de mi computadora finalmente apareció la sentencia, no lo podía creer. Muchos individuos pensamos que nuestros hábitos son respetuosos con el ambiente y muy aceptables frente a los recursos que poseemos, sin embargo, cuando es posible reunir y comparar diferentes índices que reflejan nuestro comportamiento al elegir, consumir y transportarnos, no resultan sostenibles.

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Esa radiografía de nuestros actos puede medirse y se denomina desde hace unos 15 años “huella ecológica”. Cada uno de nosotros, las ciudades y los países tienen su estela particular. Esos vestigios representan lo que tomamos del entorno a lo largo de nuestra vida y, por lo tanto, lo que dejaremos a las generaciones futuras.

El análisis de la huella ecológica compara la demanda humana sobre la naturaleza contra la capacidad del ambiente para regenerar los recursos. El estudio se hace teniendo en cuenta la tierra productiva que disponemos y el área marina que necesitamos para producir los recursos que consume la población, absorbiendo sus residuos y utilizando la tecnología imperante. Los valores para obtener la huella ecológica se clasifican en carbono, alimentación, vivienda y bienes y servicios, así como el número total de planetas necesarios para sostener a la población mundial dado un nivel de consumo.

Para hacer los cálculos, diferentes organizaciones con responsabilidad ambiental se valen de una serie de preguntas —el test que completé en www.myfootprint.org reunía 27— que requieren respuestas sobre la comida que elegimos, el lugar donde vivimos y cómo viajamos. Los resultados suelen ser sorprendentes, especialmente cuando sobre el final aparece un gráfico que muestra cuántas Tierras harían falta en el caso de que todos los habitantes tuviesen hábitos similares.

Una huella desigual

Más de la mitad de la capacidad mundial de generar recursos renovables se encuentra dentro de las fronteras de tan solo diez países. Brasil y China exhiben los mayores volúmenes, pero en el lote está otro país latinoamericano: la Argentina, en noveno lugar.

Tamaña fortaleza para proveer no suele tener concordancia con la huella ecológica que dejan los habitantes de esos territorios. La relación es más bien inversa: los países más ricos en recursos naturales suelen albergar a las poblaciones más pobres y, por lo tanto, con menor capacidad para dejar una marca por los bienes y servicios que consumen. Así, la apropiación humana pone en evidencia el siguiente desbalance: los estadounidenses consumen seis veces más de su capacidad de carga, los españoles más del doble y los habitantes de la India, menos de la mitad. Los Emiratos Árabes Unidos están entre los países que mayor huella ecológica producen y países de la región, como Chile, ocupan el lugar número 50.

Para actuar de manera sostenible, las personas y grupos no deberíamos consumir más de lo que la superficie de la que disponemos es capaz de ofrecer. Los límites propuestos han sido largamente superados: la media mundial excede en un 50 por ciento la capacidad de carga del planeta.

“Dieciocho meses le toma a la Tierra generar los recursos que usamos en un solo año. De esta manera, nuestra huella ecológica es de 1,5 planeta”, afirma Jim Leape, director de WWF, la organización conservacionista internacional más grande del globo. El experto sostiene que nuestra huella ecológica se ha duplicado en los últimos 40 años y la tendencia indica que volverá a doblarse en los próximos 40.

En el caso del hombre, la cantidad de recursos que utiliza depende de su estilo de vida. Al consumir recursos de forma irracional, se reduce la superficie de bosques, praderas, desiertos, manglares, arrecifes, selvas, y la calidad de los mares del mundo. Este nivel de consumo arroja cifras apabullantes.

Según el documental “La huella ecológica del hombre”, de National Geographic
, a lo largo de su vida una persona puede gastar casi un millón de litros de agua (contemplando todos los usos que le damos para la vida moderna), cada uno de nosotros enviará 40 toneladas de basura a los rellenos y harán falta 24 árboles para fabricar todos los libros y diarios que cada uno de nosotros leerá.

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