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El oficio de amanuense

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Cuando cometía un error, el copista raspaba la letra o el pasaje con un cuchillo por lo que su oficio no era nada fácil.

¿Trucos del oficio de amanuense o copista?

Durante casi toda la Edad Media los amanuenses usaron la letra gótica, cuyo diseño compacto permitía ahorrar pergamino. Por esta misma razón empleaban a menudo abreviaturas, tales como el signo etcétera (&), y unían con frecuencia las letras. Los manuscritos medievales resultan por tanto muy difíciles de descifrar para los profanos.

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Cuando cometía un error, el copista raspaba la letra o el pasaje con un cuchillo, siendo ésta una de las ventajas que ofrecía la superficie resistente del pergamino. Un segundo copista o un lector cotejaba la copia con el original, introduciendo las correcciones necesarias. Sumido en la oscuridad de la biblioteca o, con un poco de suerte, en el scriptorium, una sala iluminada por grandes ventanas de cristal traslúcido, un amanuense experimentado podía transcribir hasta cuatro caras de texto al día. La elaboración de una Biblia podía llevar varios meses y en ella trabajaba un equipo de monjes.

Una vez terminado el texto, el amanuense entregaba las páginas a los artistas, quienes se encargaban de iluminarlo. Finalmente, las páginas se plegaban y compaginaban para su posterior encuadernación en cuero.

¿Cómo se corregían los texto en la edad antigua?

Los errores se corregían al margen e incluso se enmarcaban en rojo, mostrando así la minuciosidad con que se había revisado el trabajo.

¿Cómo ilustraban los manuscritos los artistas medievales?

Los santos aparecían sentados en sus tronos, iluminados con bermellón, pan de oro y azur, en el interior de una gigantesca letra capitular. Los márgenes se decoraban con guirnaldas de rosas y florecillas silvestres. Al pie de la página, caballeros con armadura perseguían a dragones y serpientes. La palabra «iluminación» describe muy atinadamente el arte medieval de la ilustración de libros: los textos, elegantemente caligrafiados, se enriquecían con vivas imágenes que «iluminaban» las páginas mediante una asombrosa combinación de delicadeza, color e imaginación.

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