Chistes y anécdotas insólitas sobre animales, clientes difíciles, médicos, religión y situaciones imprevistas del mundo laboral.
Un neoyorquino está de visita en el campo, cuando ve algunos animales y le comenta al granjero: —Qué vaca más rara. ¿Por qué no tiene cuernos? —Hay varias razones —responde aquel—. Existen vacas a las que les salen los cuernos tarde, a otras se los cortan, y a unas más no les salen nunca. —¿Y esta vaca? —inquiere el citadino. —Bueno, la razón por la que esta vaca no tiene cuernos es porque es un caballo —dice el granjero. —lancasterfarming.com
En realidad, el verdadero monstruo es la persona que se desvive por corregir que Frankenstein era el nombre del médico.
—@roastmalone
Un pastor alemán, un dóberman y un gato mueren y van al cielo. Son recibidos por Dios, quien le pregunta a cada uno de ellos en qué cree. El pastor alemán responde primero: —En disciplina, adiestramiento y lealtad a mi amo. —Bien —dice Dios—. Puedes sentarte a mi derecha. Ahora, dóberman, ¿en qué crees tú? El perro contesta: —En amar, cuidar y proteger a mi amo. —Excelente —comenta Dios—. Puedes sentarte a mi izquierda. Es tu turno gato, ¿en qué crees? El gato responde: —Creo que estás sentado en mi lugar.
—Merry Pruitt, Estados Unidos
Para pasar el rato durante un largo viaje en tren, tres sacerdotes deciden compartir sus secretos más oscuros. —Una vez al mes —dice el primer sacerdote—, me voy de fiesta y me emborracho hasta perder el sentido. —Me he aficionado al juego online —admite el segundo sacerdote—. Y lo peor de todo es que utilizo las donaciones de la colecta dominical para financiar mis apuestas. —¿Y tú? —le dice el primer sacerdote al tercero—, ¿cuál es tu principal vicio? —¿Yo? —dice el tercer sacerdote—. Soy un chismoso empedernido.
—Gary Katz, Estados Unidos
Cuando un acaudalado empresario empezó a atragantarse con una espina de pescado en un restaurante, un médico que estaba sentado cerca se levantó de un salto, le practicó la maniobra de Heimlich y le salvó la vida. —¡Gracias, gracias!— dijo el empresario. —Por favor, insisto en pagarle. Solo diga cuánto quiere. —De acuerdo —dijo el médico—. ¿Qué tal la mitad de lo que me habría ofrecido cuando la espina todavía estaba atascada en su garganta?
—facmedicine.com
El peor trabajo que he tenido fue como patólogo forense para las Naciones Unidas. Recuerdo haber descubierto una fosa común con 1.000 muñecos de nieve. Afortunadamente, Resultó ser solo un campo lleno de zanahorias.
—Milton Jones, comediante
Llamé a la línea de ayuda para el tinnitus, pero no deja de sonar.
—Dan Cusato, Estados Unidos
Un pescador le gritó a un hombre que vadeaba el agua: —¿Puedo alquilar un barco en este lago? —Sí —le respondió a gritos el hombre que vadeaba—. Cuestan 10 o 25 dólares la hora. —¿Me recomendarías el barco de 10 dólares? —¡Ni hablar! Estoy justo aquí dentro.
—Gene Newman
En un taller sobre temperamento canino, el instructor mencionó que una forma de evaluar el carácter de un perro era pedirle a su dueño que se desvaneciera y fingiera estar herido. Un perro con mal temperamento intentaría morder a la persona, mientras que un perro dócil lamería la cara de su dueño o mostraría preocupación. Cierta vez, mientras comía pizza en la sala, puse a prueba esta teoría con mis dos canes. Me levanté, me llevé la mano al corazón, grité y me desplomé en el suelo. Los perros me miraron, luego se miraron entre sí y corrieron a la mesa por mi pizza.
—GCFL.net
Antes de entrar al quirófano para una cirugía, escuché explicaciones, respondí preguntas y firmé papeles. Finalmente, la enfermera sacó una gran etiqueta blanca con un cordón y empezó a escribir mi nombre en ella. En tono nervioso, pregunté: —¿Esa etiqueta es para mi dedo gordo del pie? —No, es para colocarla en la bolsa de su ropa —contestó la enfermera, entre las risas disimuladas del resto del personal.
—Thomy Nilsson, Canadá
Hace unos años estaba destinado en el fuerte militar Wainwright, cerca de Fairbanks, Alaska, cuando a dos compañeros y a mí nos dieron libre el fin de semana. Un compañero del ejército nos llevó a la ciudad, y le preguntamos dónde podía encontrar algo de acción un trío de jóvenes como nosotros. Decepcionado, el conductor repuso: —Resulta que soy el capellán de la base. —Entonces lo diré de esta manera —añadió uno de mis amigos—. ¿Puedes sugerirnos algunos lugares que deberíamos evitar?
—Keith Miller, Estados Unidos
MÁS CHISTES DIVERTIDOS
Quienes nos atienden por teléfono en tiendas y restaurantes quieren que sepamos una cosa: el cliente no siempre tiene la razón. • Empleado: ¿Me podría dar el nombre tal como aparece en su tarjeta de crédito? Cliente: Visa. • Cliente: Ordené una pizza: mitad pepperoni, mitad salchicha… y mitad sin nada. • Cliente: Cuando escribo una letra con la tecla para mayúsculas presionada, aparece la letra en mayúscula, pero cuando escribo un número, no lo hace. Empleado: ¿Qué no hace? Cliente: Escribir el número en mayúscula. —notalwaysright.com
Considerando su profesión, es comprensible que muchos empleados de funerarias tengan un humor negro. Por ejemplo, cuando era pastor, cierta vez me quedé afuera de la iglesia después del servicio dominical despidiéndome de los feligreses. Entre ellos estaba Harry, quien trabajaba en la funeraria local. Nos dimos la mano y le dije: “Hasta luego”. Harry sonrió y dijo: “No si yo lo veo primero”.
—David Bradley, Estados Unidos
Para los guías de aventura, la verdadera aventura llega cuando los turistas hacen preguntas como estas:
• ¿Se ha rociado el océano con un repelente de tiburones?
• ¿El agua rodea toda la isla?
• ¿A qué edad un rinoceronte se convierte en un hipopótamo?
—outsideonline.com
La gente no entiende el propósito de las valoraciones online. Ve una reseña de un par de zapatos y dice algo así como: “Unos zapatos estupendos. Incluso más bonitos en persona. Simplemente perfectos. Pero pedí el talle equivocado, así que tuve que ponerles una estrella.
—@latkedelrey
Durante una sesión de fisioterapia, la hija de mi paciente preguntó qué podía hacer su madre en casa para ayudar a mantener sus progresos una vez que la terapia hubiera terminado. Le sugerí a la paciente que se apuntara a clases de tai chi. —¿Tai chi? —dijo la paciente—. ¿No era eso lo que tuvimos que beber la semana pasada? Su hija negó con la cabeza. —No, mamá, eso era té chai.
—Mary Nichols, Estados Unidos



