Inicio Vida Cotidiana Relaciones Humor: de qué se ríen él y de qué ella

Humor: de qué se ríen él y de qué ella

627
0

No son las mismas cosas las que causan gracia a las mujeres y a los hombres. Tuvieron que ser los científicos quienes descubrieron lo que activa el humor en cada sexo.

 

Publicidad

POR ENÉSIMA VEZ VEO una secuencia de Los Tres Chiflados en la que Moe le hace “piquete” de ojos a Curly y cuando el simpático gordito de calva afeitada se tapa la cara, Moe le pega entonces en el abdomen. Como cuando era chico, la seguidilla de golpes tontos en los ojos y en la voluminosa silueta de Curly sigue causándome gracia. Pero de pronto miro al costado y veo a mi esposa que con cara de aburrida me pregunta: “¿Qué es lo gracioso?” Y es una excelente pregunta para la cual no tengo respuestas.

Ya sé que ella y sus amigas se mueren de risa con la serie Amas de casa desesperadas y sus absurdas desventuras cotidianas.

En cambio a mí me arranca más fácilmente la carcajada ese gordito tonto que frente a la agresión no tiene otra estrategia de defensa más inteligente que taparse sucesivamente los ojos y la panza con las manos. Mientras mi esposa pasa un rato divertido mirando una comedia romántica, la única forma de que yo vea una hasta el final es atándome a una silla.

Todo esto lleva a una gran pregunta. ¿Cuál es la diferencia entre las cosas que hacen reír a una mujer y aquellas que provocan gracia a un hombre?.

El primer atisbo de respuesta a esta cuestión apareció a fines de los 90, muy lejos de los escenarios y decorados de Hollywood. Según la periodista científica Kathleen Stein, las primeras reflexiones surgieron de las prestigiosas aulas del Instituto de Neurología de Londres. En su último libro The Genius Engine (El motor del genio) Stein describe las investigaciones realizadas en ese centro de estudios con imágenes de resonancia magnética para fotografiar un cerebro en el momento en que procesa un chiste.

Para este experimento, los neurocientíficos Vinod Goel y Raymond J. Dolan bombardearon a su audiencia con distintos tipos de chistes. Algunos más ácidos (pregunta: ¿Por qué los tiburones no atacan a los abogados? Respuesta: Por cortesía profesional), otros con sutilezas semánticas (pregunta: ¿Qué se le puede dar a un joven que tiene de todo? Respuesta: un buen trabajo), y otros que rozaban cuestiones controvertidas (como este chiste de Chris Rock: “Lo único que sé de África es que es un lugar que queda muy muy lejos. El viaje es tan largo que todavía hay esclavos en los barcos que están viniendo desde allí”).

 

Pregunta ¿Qué es peor que encontrar un gusano en la manzana que estás comiendo? Respuesta: Encontrar medio

LOS CIENTÍFICOS VIERON de qué manera al oír el chiste, las células del cerebro entran en actividad en una región llamada corteza prefrontal (CPF), en la región frontal del cerebro, donde residen las funciones del lenguaje y el pensamiento.

Pero no sólo hubo respuestas neuronales en la CPF, sino que entre un chiste y otro se activaban diferentes regiones. “Cuando el participante se reía fuerte en voz alta —dice Stein— reaccionaba una región específica”. Era una subsección que lleva el engorroso nombre de corteza prefrontal ventromedia, es decir la parte del cerebro que está detrás de los ojos. “La central cómica del cerebro”, dice Stein.

Entonces, la pregunta fue ¿qué se necesita para activar la corteza prefrontal ventromedia? ¿Por qué una mujer puede llegar a reírse de cosas que al hombre no le causan la más mínima gracia?

PARA CONSIDERAR UNA MIRADA más profunda a esta cuestión el psiquiatra Allan L. Reiss de la Universidad de Stanford invitó a participar de un experimento a veinte estudiantes, hombres y mujeres de nivel universitario. Encerrados en un equipo de resonancia magnética, todos vieron la misma serie de 70 historietas proyectadas en una pantalla, y tenían que darles una puntuación según la gracia que les causasen los chistes. Cuando Reiss vio los resultados hizo un descubrimiento inesperado. Hombres y mujeres procesan los chistes de manera distinta. La región analítica del cerebro de la mujer está mucho más activa, con lo que quiere decir que ellas hacen un discernimiento más minucioso de cada chiste. Sólo cuando descubren que la historieta es efectivamente graciosa se activa la región del cerebro que se gratifica con el humor, y lo hace de una manera mucho más intensa que en los hombres, porque el cerebro no sólo registra algo placentero, sino que también lo procesa como una recompensa inesperada.

Todo lo cual es una manera elegante de decir que las mujeres piensan más que los hombres antes de decidir si algo es chistoso o no. Como no siempre ellas esperan reírse disfrutan mucho cuando el chiste resulta gracioso para ellas. Los hombres suelen mostrar mejor predisposición. “Voy a escuchar un chiste. Seguro que es gracioso y es bueno estar divertido”, sería su razonamiento.

Reiss y sus colegas mostraron por primera vez que el centro que registra las  gratificaciones, en la región mesolímbica del cerebro, y que es responsable también de las sensaciones de gratificación cuando se gana una suma de dinero o se consume cocaína, también se activa con el humor.

Con anterioridad a los experimentos de Reiss ya se habían realizado estudios que mostraban las diferencias de apreciación del humor entre el hombre y la mujer, pero hasta ahora nadie había examinado las distintas respuestas que se producen dentro del cerebro de uno y otro sexo.

Frente a estos resultados no es ninguna sorpresa que la cuestión sea mucho más compleja para los comediantes cuando están frente a una audiencia totalmente femenina. Una comediante norteamericana, Lisa Lampanelli, dice: “Cuando me subo al escenario lo primero que hace una mujer es mirarme de arriba a abajo”. Otro experimentado cómico, Eddie Brill, afirma: “Me he dado cuenta de que las mujeres incluso miran mis zapatos, por eso cuando me presento ante un auditorio mayoritariamente femenino, me cuido mucho hasta de cómo voy calzado”.

 

Un contador es una persona que resuelve un problema que usted no sabía que tenía, y de una manera que usted no entiende.


PERO ENTRE EL TERRITORIO del humor estrictamente masculino y el femenino hay un vasto campo en común. Un estudio de Nielsen Media Research en los Estados Unidos muestra que muchas series conocidas como Seinfeld, Todos quieren a Raymond o Friends, son populares entre ambos sexos.

“Lo que tienen en común es poder reflejar las cosas absurdas de la vida cotidiana”, dice Regina Barrecca, una profesora de Literatura Inglesa de la Universidad de Connecticut, que ha dedicado su carrera a estudiar las diferencias entre el humor del hombre y la mujer. “Tanto la idea de que los hombres tienen el sentido del humor de un chico de nueve años, como de que las mujeres carecen por completo de sentido del humor, son percepciones erróneas”, agrega Barrecca. Hay que considerar tres cuestiones básicas: “A las mujeres no les causa gracia la rudeza, el humor a partir de golpes, caídas y cachetazos”.

En segundo lugar, las mujeres no cuentan chistes sino historias divertidas. Cuando una mujer dice: “Tengo algo gracioso para contarte”, si uno es inteligente, se sentará para escucharla porque deberá oírla por un buen rato.

Reiss mostró que hombres y mujeres comparten la mayor parte del sistema cerebral que responde al humor; ambos utilizan por ejemplo la parte del cerebro que es responsable de interpretar los significados de las palabras y la yuxtaposición de significados. Pero también descubrió que en el caso de las mujeres, se activa mucho más el sector izquierdo de la corteza prefrontal, con lo que se sugiere que dan un mayor énfasis a la cuestión de las sutilezas del lenguaje.

Tercero, a las mujeres no les provoca risa el tipo de humor que se burla de los defectos físicos de los otros.

Por el contrario, los hombres pueden reírse prácticamente de cualquier persona. “Los hombres se azuzan unos a otros con sagaces apodos e insultos”, dice John Morreall, experto en humor.

Hay un chiste en comedycentral.com que dice “Si Laura, Suzanne, Debra y Rose van a almorzar juntas, ellas se llamarán unas a otras Laura, Suzanne, Debra y Rose. Si Mike, Charlie, Bob y John salen juntos, ellos se referirán amistosamente el uno al otro como El Gordo, Godzilla, Cabeza de maní o Mosquito.”

Si las mujeres se ríen de alguien, seguramente será de sí mismas y de sus caprichos o desventuras. Lisa Lampanelli lo dice de esta forma: “En todo caso, se trata de reírnos de nuestra propia apariencia o de nuestro peso frente a la balanza”.

Barrecca cuenta por ejemplo: “Nosotras creemos que estamos gordas cuando no entramos en los jeans que utilizamos en la secundaria, y los hombres creen que están gordos cuando no entran en un auto importado”.

 

Primer acto: un auto chocado
Segundo acto: una mujer atada dentro del auto

¿Cómo se llama la obra? Chocolatada


Y SIN EMBARGO, pese a todos estos descubrimientos, hay un misterio que sigue sin resolverse en la cuestión del humor. ¿Por qué un estímulo externo, algo que se ve o se oye, puede activar la central cómica de un cerebro humano?

Una respuesta posible puede venir de otro estudio realizado en la Universidad de Toronto, donde los investigadores observaron de qué manera influyen las lesiones cerebrales en los niveles más altos de operación intelectual. Los expertos pidieron a personas normales y a otras con lesiones cerebrales que evaluasen una serie de chistes. Los que sufrían algún daño neurológico tenían dificultad para captar la línea de remate de algunas bromas como la siguiente: “Un adolescente es entrevistado para un trabajo temporal. ‘La primera semana tendrá un ingreso de 50 dólares’, le dice el futuro jefe. ‘Luego, a partir de la cuarta semana tendrá un aumento de 75 dólares por semana’. ‘¡Muy bien!’, dice el joven. ‘Entonces regreso en cuatro semanas’”.

El grupo que tenía daño neurológico no comprendió este chiste, y prefirió en cambio las bromas con humor tonto, como las que se ven en Los tres Chiflados.

Por supuesto que esto no pretende sugerir que la mayoría de los hombres tenga la sensibilidad de una persona con daño neurológico… Aunque quizá no esté tan desacertada esta última afirmación.

Artículo anteriorDel pueblo, para el pueblo
Artículo siguienteLa belleza hipnótica del pavo real