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Cómo mejorar los Juegos Olímpicos

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Propuestas del periodista deportivo David Thomas para actualizar y hacer más divertidas estas competencias.

Los Juegos Olímpicos son, sin lugar a dudas, el espectáculo más grande y popular del mundo. Sin embargo, considero que podrían ser aún mejores, si se eliminaran algunos deportes y se cambiaran radicalmente las reglas de otros. Puede parecer innecesario renovar un evento que es tan evidentemente exitoso, pero hacer cambios es una de las mejores tradiciones de la historia olímpica.

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Entre los motivos prácticos para hacer cambios es que el evento se ha vuelto predominantemente televisivo. Las cadenas de televisión y los patrocinadores aportan fondos esenciales para cubrirlo, y la demanda de los canales comerciales de pausas publicitarias cada vez más frecuentes y largas requieren disciplinas deportivas cada vez más cortas, rápidas e intensas. Y también pesan las exigencias del público mundial que no conoce bien a los competidores o no comprende las reglas de muchos de los deportes que ve por televisión en sus hogares.

LO QUE HAY QUE ELIMINAR

  • Doma ecuestre: Las sutilezas de la doma, que pretenden mostrar las habilidades del jinete y el buen adiestramiento del caballo, son incomprensibles para la mayoría de la gente. Es como un desfile canino pero con caballos. Y aunque ver a un jinete impecablemente vestido sobre un magnífico caballo es muy agradable, resulta tan irrelevante en un evento deportivo moderno como ver al dueño de un perro pasearse sobre una plataforma con su can atado a una correa.
  • Pentatlon moderno: Esta disciplina incluye cinco pruebas: esgrima, tiro con pistola, salto ecuestre, natación y carrera a campo traviesa. La idea era poner a prueba las destrezas del soldado de caballería del siglo XIX, pero estamos en el siglo XXI y ya no quedan de esos soldados. Esta competencia debería desaparecer.
  • Lucha grecorromana: La clave está en el nombre: “grecorromana”. Al igual que el lanzamiento de disco y el de jabalina, la lucha es un deporte que se remonta al comienzo de las Olimpíadas clásicas, hace unos 2.700 años. Más de 50 países compiten en esta disciplina, pero si los Juegos Olímpicos de Londres fueran los primeros y estuviéramos buscando la mejor forma de presentar combates cuerpo a cuerpo, les dejaríamos la lucha grecorromana a los griegos y a los romanos antiguos.
  • Nado sincronizado: En definitiva, no me parece que sea un deporte. Maquillarse, ponerse un traje de baño llamativo y sonreír son acciones que nada tienen que ver con los Juegos Olímpicos. Pero si en este evento hay nado sincronizado, también debería haber baile del caño. De hecho, ¡algunas bailarinas que se dedican a esta disciplina ya han solicitado participar en las competencias olímpicas!
  • Fútbol: Es el deporte más popular del mundo, pero la modalidad olímpica no satisface las expectativas del público televisivo. Se supone que los competidores olímpicos son los mejores en sus disciplinas, pero, en el caso del fútbol, los equipos varoniles están integrados por jugadores de menos de 23 años, más tres refuerzos que superan esa edad, así que casi todas las grandes estrellas del fútbol no participan en los Juegos Olímpicos. Y aunque ganar una medalla de oro olímpica debería ser el logro máximo para cualquier deportista, para un jugador profesional de fútbol (o al menos para los que compiten en las ligas europeas) representa el cuarto en importancia, después de la Copa del Mundo, la Liga Europea de Campeones y cualquiera de las mayores ligas nacionales. 
    Para renovarse, el fútbol olímpico debería seguir el ejemplo del rugby, que volverá a las Olimpíadas en 2016 en su versión Rugby Siete. Equipos de siete jugadores, en vez de 15, disputan partidos de 14 minutos, en lugar de 80. El resultado es una competencia dramática en la que se puede jugar un campeonato completo en un solo estadio en apenas dos o tres días. Algo parecido se podría hacer con el fútbol: equipos de cinco jugadores y partidos con una duración máxima de 20 minutos en una cancha cubierta. Eso sería intenso para los jugadores, emocionante para los espectadores y excepcionalmente olímpico.

LO QUE HAY QUE RENOVAR COMPLETAMENTE

  • Ciclismo de pista: Tiene todo lo que cabe esperar de un deporte olímpico: velocidad, emoción y un nivel competitivo muy alto. Pero detesto ver el sprint individual, pues lo arruina el deseo de cada competidor de ir detrás del otro, pegado a él, hasta el acelerón final hacia la meta. Una carrera que debería llenarnos de emoción por su gran velocidad, se hace insoportablemente lenta durante casi todo el trayecto, mientras los dos ciclistas luchan por tomar posiciones. Es absurdo. Usain Bolt no se pasa los primeros 85 metros de los 100 caminando despacio. Michael Phelps no chapotea en la piscina algunos minutos antes de lanzarse a nadar en estilo libre. Van a toda velocidad desde el principio hasta el final. Los ciclistas deberían hacer lo mismo. Deberían tener un límite de tiempo, o competir como lo hacen los atletas, los nadadores y los remeros: uno al lado del otro en carriles rectos. De esta manera, con un estilo y un espíritu verdaderamente olímpicos, descubriríamos quién puede correr más velozmente que el resto.
  • Boxeo: Es uno de los contados deportes olímpicos que aún mantienen la antigua tradición amateur. Las peleas se limitan a cuatro rounds de dos minutos de duración cada uno, lo que hace que la competencia sea mucho más rápida. Por encima de todo, los pugilistas usan cascos para protegerse de los daños cerebrales permanentes que pueden ocasionar los golpes repetidos en la cabeza. En este aspecto podría establecerse una nueva pauta. Si los boxeadores olímpicos quieren competir con menos riesgos, deberían hacer algo más: pelear a mano limpia. Los combates con los nudillos desnudos son ilegales en la mayoría de los países, pero desde hace mucho tiempo ha quedado clara la razón por la que los pugilistas se causan tanto daño unos a otros: porque usan guantes. Los guantes les permiten asestar golpes mucho más fuertes en la cabeza, lo que hace que el cerebro se sacuda y rebote contra la pared interior del cráneo, lo cual es el aspecto más peligroso del boxeo. Sin guantes, la capacidad de golpear se reduce considerablemente, ya que un puñetazo firme en el cráneo rompe los nudillos de quien lo propina.
  • Tiro: Debe de haber algo más aburrido que ver a un hombre con anteojos disparar flechas o municiones a un blanco fijo, pero no puedo imaginarme qué. El tiro olímpico necesita un cambio radical. Podría haber contiendas entre equipos que se disparen bolas de pintura para probar su puntería y su habilidad de seguir blancos camuflados y en movimiento. Un torneo de francotiradores que disparen contra blancos maniquíes (en vez de personas, claro), llamaría la atención de la gente.
  • Tenis: Como el fútbol, este deporte necesita un cambio para ser más atractivo en el evento olímpico. Lo primero sería aplicar el principio de brevedad. Si los partidos de tres y cinco sets se sustituyeran por contiendas consistentes en tres jugadas de muerte súbita, los espectadores podrían ver varios encuentros ultrarrápidos en una sola sesión. Pero eso no es todo. Tengo una propuesta para reformar el saque: limitar a los jugadores a un solo servicio —es decir, sin oportunidad de un segundo intento—, o bien mover la línea de saque un metro más atrás del límite de la cancha. De esta manera habría menos puntos, pero los peloteos serían más largos: un doble beneficio para los espectadores.

Por último, ¿por qué no transformar los videojuegos en disciplinas olímpicas? El ex piloto de Fórmula 1 David Coulthard ya ha ganado una carrera con un Mercedes en una pista real compitiendo contra varios oponentes que “conducían” el mismo auto y en el mismo circuito pero en una consola de PlayStation. ¿Por qué no hacer lo mismo en los Juegos Olímpicos? Poder observar en pantallas gigantes desde las gradas lo que ven los corredores en la pista sería fenomenal, e innumerables adictos a los videojuegos también lo verían por televisión desde sus hogares.

(Las opiniones vertidas en este artículo son exclusiva responsabilidad de su autor y no expresan necesariamente la línea editorial de Selecciones)

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