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Comer menos permite vivir 50% más a los lemures

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La restricción calórica crónica consiste en comer una dieta reducida pero equilibrada desde la vida adulta temprana en adelante. 

Investigaciones previas, en monos en
particular (que tienen una vida media de cuarenta años), ya habían demostrado
su efecto beneficioso sobre la incidencia de patologías relacionadas con la
edad. Sin embargo, su efecto positivo en la vida de los primates ha seguido
siendo controvertido. Para estudiar esta cuestión, los investigadores
del Centre National de la Recherche Cientifique (CNRS) de Francia, se
centraron en el lémur ratón gris, un pequeño primate cuyo promedio de vida
(alrededor de doce años) lo convierte en un modelo muy bueno para el estudio
del envejecimiento. Además, este pequeño lémur tiene muchas similitudes
fisiológicas con los humanos.

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En el paper con los
resultados se afirma que, precisamente, «muestran alteraciones
relacionadas con la edad de su sistema sensorial, funciones motoras, ritmos
biológicos y sistemas inmunes y endocrinos». Además, «su perfil de
envejecimiento cerebral es similar al de los humanos ya que muestran
alteraciones cognitivas relacionadas con la edad asociadas con la atrofia cerebral,
así como con las lesiones amiloides similares a la enfermedad de
Alzheimer». Tan importante como lo anterior es que, «al igual que los
humanos y otros primates no humanos, son genéticamente heterogéneos y
proporcionan una diversidad natural de perfiles de envejecimiento». O sea,
poseen diferencias, por así llamarlas, «personales» importantes,
igual como les pasa a los humanos.

Los científicos
expusieron a un grupo de lémures, de la especie conocida como ratón gris (que
no es un ratón, pero llevan ese nombre por no pesar más de 67 gramos y tener un
estilo de vida parecido a los de un roedor) para moderar la restricción
calórica crónica (un 30% menos de calorías que sus pares que consumen una dieta
normal) desde el comienzo de la adultez temprana. Luego, consideraron sus datos
de supervivencia y las posibles alteraciones relacionadas con la edad. El
primer resultado, después de que el experimento había estado funcionando
durante diez años, fue que en comparación con los animales en el grupo de
control, la esperanza de vida de aquellos sujetos a restricción calórica
aumentó en casi un 50%. Más específicamente, su mediana de supervivencia es de
9,6 años (en comparación con 6,4 años para los lémures en el grupo de control,
esto es, lo que siguieron comiendo normalmente). Y, por primera vez entre los
primates, los científicos observaron que la esperanza de vida máxima había
aumentado: casi un tercio de los animales restringidos en calorías todavía
estaban vivos cuando el último animal del grupo de control murió a la edad de
11,3 años.

Este efecto
beneficioso fue acompañado por la preservación de las capacidades motoras
(movimiento), sin ninguna alteración del rendimiento cognitivo, y una reducción
en la incidencia de patologías generalmente asociadas con el envejecimiento,
como el cáncer o la diabetes.

Un dato importante:
los lémures con restricción calórica presentan las características morfológicas
de un animal más joven. Además, los datos de imágenes cerebrales para estos
animales muy ancianos muestran una ligera pérdida de materia gris (cuerpos celulares
neuronales), un efecto que los investigadores aún no han explicado, así como
una atrofia significativamente más lenta de la sustancia blanca (las fibras
neuronales que conectan diferentes áreas del cerebro).

Los resultados
indican que la restricción calórica crónica es actualmente la forma más
efectiva de extender la vida máxima y retrasar el proceso de envejecimiento en
un primate no humano. El próximo paso para los científicos es asociar la
restricción calórica crónica con otro parámetro de estudio, como el ejercicio
físico, en un intento de ver si es posible extender aún más los límites
superiores de la esperanza de vida.

Es importante
insistir, primero, en que estos resultados pueden no aplicarse total o
parcialmente a los humanos, aunque hay muchas señales anecdóticas (historias no
testeadas científicamente) de personas o grupos de personas con vidas más
largas que consumen dietas especiales. Y, segundo, que en estos experimentos la
restricción calórica se acompaña con la provisión de elementos esenciales
(vitaminas y minerales) para que lo que se consume menos sean sólo calorías.
Alargar la vida puede no ser tan simple como solo cerrar la boca cuando viene
el tenedor una de cada tres veces.

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