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Los nuevos mejores chistes

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¡Nada tan saludable como reírse! El humor es la mejor medicina, y, además, ¡no provoca efectos secundarios!

Mi esposa estaba marcando el número de uno de nuestros conocidos en un teléfono de tonos y la línea sonaba ocupada. Ella marcó varias veces sin lograr comunicarse. Curioso, le pregunté por qué no usaba el botón de remarcado.
—Querido —me respondió—, necesito hacer ejercicio.

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—HENRY H. POLITZER

En el camino a su trabajo, a mi esposo lo golpeó un auto. Fue algo muy leve, pero el conductor se disculpó en seguida y añadió:
—Tiene usted suerte. Estamos justo al lado de un consultorio médico.
—En realidad no sé qué tanta suerte tenga —dijo mi esposo—. El médico soy yo.

— SANDRA MARCHAND

Mi madre fue al doctor y tuvo que llenar un cuestionario. Una de las preguntas era:
—¿Qué tipo de ejercicio realiza?
—Ninguno —contestó.
Siguiente pregunta:
—¿Cada cuanto lo realiza?
La respuesta de mi madre:
—Todos los días.

—MELISSA D. FETTERMAN

Un hombre fue a ver al oculista y le comunicó:
—No puedo ver de lejos.
—Venga afuera —le dice éste, y ya en la calle señala hacia arriba y le pregunta —: ¿Qué ve en el cielo?
—El sol.
—¿Y qué más lejos quiere ver?

— PAT ELPHINSTONE

Una noche en que había salido con mi hermana, nos encontramos con un conocido mío.
—¿De verdad son hermanas? —me preguntó con incredulidad—. No se parecen en nada.
Señalando su nariz y la mía, mi hermana dijo:
—Diferentes cirujanos plásticos.

— CAROL LENNOX

Los guardias escoltaban a un prisionero esposado al interior del juzgado donde yo trabajaba como suplente. En eso el prisionero preguntó:
—¿Este juez es severo?
—Sí —respondió el oficial del tribunal—. Es severo, pero justo.
—¿Qué tan severo?
—El más duro desde Poncio Pilatos —dijo el alguacil.
—No conozco a ese juez —comentó el prisionero—. No soy de por aquí.

— JOSEPH T. WRIGHT

Días después de la Navidad, un hombre fue llevado ante el juez.
—¿De qué lo acusan?
—De haber hecho mis compras navideñas con anticipación —respondió el hombre sumamente indignado.
—Eso no es delito —agregó el juez—. ¿Con cuánta anticipación hizo las compras?
—Tres horas antes de que abriera la tienda.

Maestra: —¿Por qué llegas tarde a clase, Sergio?
Sergio: —Por el letrero de la calle.
Maestra: —¿Cuál letrero?
Sergio: —Uno que dice: “Escuela a 100 metros. Avance despacio”.

En el concurrido consultorio dental donde trabajo, un paciente siempre llegaba tarde. Una vez, cuando lo llamé para confirmar una cita, me dijo:
—Llegaré unos 15 minutos tarde. No hay problema, ¿o sí?
—No, ninguno —le respondí—. Sólo que no nos dará tiempo de ponerle la anestesia.
Ese día llegó temprano.

— TERRI SPACCAROTELLI

Era el primer trabajo de nuestra entusiasta y nueva recepcionista, y esto se notaba en su forma de vestir: su atuendo atrevido decía a gritos “escuela” más que “oficina”. De la manera más diplomática que encontró, nuestro jefe la llamó a su oficina, le pidió que se sentara y le dijo que tendría que vestirse de un modo más apropiado.
—¿Por qué? —preguntó ella—. ¿Me va a invitar a comer?

— CLAUDIA SMELKO & MARION ABEL

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