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Héroes: El disfraz de Halloween

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Christophe Waggoner encuentra algo que ponerse para su fiesta favorita.

No hay nada que dé miedo en el hombre que se asegura de que los niños que salen a pedir “truco o trato” vayan bien disfrazados.

Sydney Page del The Washington Post

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Christophe Waggoner tiene lo que él mismo llama un “problema con las compras”. Aunque no es para él. Durante todo el año, recorre las tiendas de segunda mano de Texas en busca de disfraces de Halloween para niños. “Busco cualquier cosa que brille, tenga purpurina o sea peluda —afirma—. Estoy muy atento”.

Durante los últimos nueve años, Waggoner ha reunido miles de disfraces de Halloween. Y cada año, organiza un evento en Austin en el que los niños pueden elegir disfraces de Halloween de forma gratuita.

Este reparto anual, al que Waggoner bautizó como October’s Child (Niño de Octubre), comenzó en 2017. Un año antes, se había mudado de un piso a una casa; era la primera vez que recibía a niños pidiendo “truco trato” en su puerta. “Estaba emocionado por recibir a los niños que venían a pedir ‘truco o trato’, porque siempre me gustó Halloween”, afirma.

Aquella noche se percató de una disparidad en los disfraces. Algunos niños llegaron con trajes de Star Wars a estrenar, mientras que otros no iban tan bien ataviados. “Te das cuenta enseguida de que no tienen acceso a las mismas cosas —dice Waggoner—. Observaba a los niños que miraban a otros. Simplemente anhelaban y admiraban lo que veían”.

Por aquel entonces, Waggoner visitaba tiendas como cliente de investigación de incógnito. Empezó a aprovechar sus visitas de trabajo para comprar disfraces de Halloween. “Me propuse que todas mis compras fueran artículos de Halloween”, explica.

También empezó a pasar por tiendas de segunda mano en busca de disfraces varias veces a la semana, pagándolos de su propio bolsillo para crear una colección. Para el siguiente mes de septiembre, Waggoner había reunido más de cien disfraces y accesorios. Organizó el primer evento en su garaje, difundiendo la noticia de manera informal y a través de las redes sociales. Un grupo acudió con seis niños de un hogar de acogida, y cada uno de ellos le entregó a Waggoner una tarjeta de agradecimiento. Fue entonces cuando decidió que se convertiría en una iniciativa anual.

Casi una década después, October’s Child, ahora una organización sin ánimo de lucro que acepta donaciones, se ha convertido en un importante evento comunitario. En la reunión del año pasado acudieron cientos de familias. Había más de 2.000 disfraces disponibles, organizados por categorías, desde princesas hasta superhéroes. Incluso había una sección con disfraces para perros.

“Hubo momentos en los que tuve que llevar cajas por encima de la cabeza porque había tanta gente”, cuenta Waggoner, quien añade que una escuela le dio permiso para celebrar el evento en el recinto escolar.

La gente suele traer sus disfraces viejos al evento, pero Waggoner insiste en lavar y reparar él mismo antes de repartirlos. “No quiero que la gente sienta que solo les dan ropa de segunda mano”, afirma, y prefiere que los disfraces estén “lo más nuevos posible”.

Waggoner utiliza un cepillo para perros para peinar los disfraces con pelo sintético, y remoja las pelucas en suavizante, lo que, según él, relaja las fibras y facilita el desenredado. Si una prenda necesita que se la vuelvan a coser o incluso rediseñar, también se encarga de ello. Gasta casi 5.000 dólares al año en el almacenamiento de los trajes.

El compromiso de Waggoner se remonta a su infancia. Es el mayor de seis hermanos, creció rodeado de trajes hechos a mano y aprendió a coser a los 12 años. “Es hacer algo por la gente, pero también es ayudar a salvar el planeta —comenta—. Hay muchísima gente que se compra un disfraz y nunca más se lo vuelve a poner”.

“No le importa quién seas ni de dónde vengas: lo único que ve son las sonrisas, y quiere crear más sonrisas”, dice Brenda Gutiérrez Hodgkin, voluntaria de October’s Child. “Este hombre tiene un corazón enorme”.

Aunque restaurar miles de disfraces puede resultar tedioso, Waggoner afirma que merece la pena, y que nada le hace más feliz que escuchar a los niños mientras eligen un disfraz. “Me encanta cuando oyes a un niño decir: “¡Guau! —dice Waggoner—. Sabes que están realmente emocionados”.