Inicio Historias Reales Amor 3 historias de amor inusuales para compartir en San Valentín

3 historias de amor inusuales para compartir en San Valentín

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Cuando se trata de amor… …la gente es capaz de hacer cualquier cosa. Aquí hay tres historias de esposos, padres, hijos y amigos amorosos ¡y comprometidos!.

Un padre se hace un tatuaje

“Hoy —escribió Eric Conklin en Instagram el pasado agosto—, me he hecho un tatuaje que significa más para mí que cualquier otra cosa que me haya hecho nunca en la piel”. El tatuaje, que le recorre el pecho, es imposible de pasar por alto cuando se quita la camiseta. No es una rosa, ni dice “MAMÁ” a gritos. Es un tatuaje de una cicatriz larga y de aspecto amenazador. Es irregular, horrible y, posiblemente, la cosa más hermosa que uno jamás haya visto.

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Aproximadamente un año antes de tatuarse, el mundo de Conklin se derrumbó. Su hijo Bennett nació con un defecto cardíaco congénito. Durante los siguientes 30 días, Benny, como se lo conoce, se sometió a múltiples cirugías para corregir el defecto. Fue una situación deli cada durante todo el proceso. Pero el niño era un luchador y sobrevivió a su terrible experiencia. Crecer con esa cicatriz sería la siguiente batalla que tendría que soportar, y Conklin no quería que lo hiciera solo. En el estudio de tatuajes Sunken Ship Tattoo Studio, en Boonton, Nueva Jersey, le entregó al propietario, Jimmy Ingram, una foto de la cicatriz de Benny y le dijo: “¡Hazme uno igual!”. Puede parecer extremo. Pero, dice Conklin, “quería que supiera que nunca está solo en esta lucha. Su cicatriz es su historia de supervivencia. La mía es una promesa: lo que él lleve, yo también lo llevaré”

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Un granjero siembra una propuesta

Si Will Henderson fuera poeta, quizá le habría pedido matrimonio a su novia de toda la vida, Steph Carter, escribiéndole una oda a sus ojos. Pero Henderson es granjero en Nueva Gales del Sur, Australia, así que lo hizo de una forma que solo un granjero enamorado podría imaginar. Tardó cinco meses en plantar, cultivar, podar, dar forma, desbrozar y agonizar sobre un cultivo especial de colza. Una vez que floreció a principios de septiembre, Henderson y Carter, que es maestra, se subieron a una pequeña avioneta a instancias de él. Ella esperaba sobrevolar algunas tierras de cultivo, una actividad que había disfrutado en el pasado. Pero cuando volaron sobre los cultivos, en lugar de alfalfa o maíz, vio un campo de color amarillo brillante dispuesto en letras de unos 12 metros de ancho. En conjunto, se leía “¿QUIERES CASARTE CONMIGO?”. “Pensaba que me lo pediría pronto —dijo Carter a la Australian Broadcasting Corp—. Pero no esperaba que lo hiciera de esa manera”. Carter no necesitó meses de planificación, reflexión y agonía sobre su res puesta. Fue rápida y concisa: “¡Sí!”

Un dueño de perro salva a su mejor amigo

El ritual matutino de Onner Herring consistía en inspeccionar el estanque de su propiedad en Southport, Carolina del Norte, en busca de un caimán de 2,5 metros de largo que había adquirido la costumbre de tomar el sol en la orilla antes de comenzar el día. Si no había peligro, Herring dejaba salir a Strike, su labrador retriever negro de cuatro años, para que corriera libremente. Pero el 16 de junio de 2025, Herring se distrajo con las tareas del jardín y se olvidó de su habitual revisión del estanque. Strike salió corriendo, como si nada, como suelen hacer los perros. Pero hay cosas de las que hay que tener cuidado en este mundo, como pronto descubrieron Strike y Herring. Unos 45 minutos después de empezar a trabajar en el jardín, Herring supo que algo iba mal. Le dijo a la cadena local WWAY-TV: “Oí a Strike soltar un grito como nunca le había oído gritar antes”. Luego se oyó un chapoteo y Herring supo instintivamente lo que era. Corrió hacia el estanque. A unos seis metros de distancia, entre las ondas de la superficie del agua, Herring vio a Strike en las fauces del caimán, luchando por mantener la cabeza por encima del agua. Una mirada de miedo irradiaba de los ojos del perro mientras era arrastrado cada vez más lejos.

Eso fue todo lo que Herring tuvo que ver antes de saltar él mismo al estanque. Casi inmediatamente, el fondo del estanque se inclinó hacia abajo, de modo que no pudo mantenerse en pie.

Nadó hasta llegar a Strike, que estaba sujeto con fuerza entre los dientes del caimán. Herring agarró a Strike e intentó liberarlo, pataleando con fuerza para mantenerse a flote. Pero el caimán no lo soltaba. Herring intentaba nadar hacia la orilla y el caimán intentaba cruzar el estanque. “Era como si estuviéramos atascados”, declaró Herring al diario State Port Pilot. De repente, Herring y Strike comenzaron a moverse. El caimán había aflojado su presa y Herring aprovechó la oportunidad. Pero cuando se acercaban a la orilla, el caimán volvió a atacar, hinchándose para parecer más grande. Cuando se cansó, el caimán se alejó, permitiendo que Herring, con Strike en sus brazos, se subiera a tierra firme. Strike sobrevivió por poco al ataque. Tenía el fémur derecho roto en tres lugares, heridas punzantes y hemorragia interna. Herring dice que está feliz de tener a su amigo de vuelta. “Tenía una mirada que decía: por favor, haz algo, papá”, dijo Herring a WWAY-TV. “Tomé la decisión de que no volvería a casa sin él”.´