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Maratones de series: ¿qué efecto producen?

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Si bien puede resultar tentador ver una maratón de una serie, los expertos recomiendan espaciar los capítulos por su efecto en el cerebro.

El consumo intensivo de capítulos de series, conocido como maratón, puede alterar la forma en que procesamos y retenemos la información. Este hábito transforma la manera en que el cerebro organiza los recuerdos.

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El auge de las plataformas de streaming ha modificado radicalmente la manera en que nos relacionamos con la televisión. Lo que antes era una cita semanal con un episodio se ha convertido en largas sesiones frente a la pantalla, llamadas maratones, impulsadas por algoritmos que priorizan la comodidad y la repetición de patrones de consumo.

Este nuevo modelo no solo impacta en la industria audiovisual, sino también en nuestra vida cotidiana. Más allá del entretenimiento, los expertos advierten que ver demasiados capítulos sin pausa puede tener efectos directos sobre nuestras funciones cognitivas, desde la concentración hasta la capacidad de consolidar aprendizajes.

Cómo afectan las maratones nuestro aprendizaje

En este artículo del portal cuidateplus.marca.com, dos expertos en neuropsicología y comunicación audiovisual explican cómo pueden verse afectadas nuestras capacidades cognitivas con las nuevas formas de ver la televisión.

Las plataformas televisivas —Netflix, HBO, Amazon Prime y muchas otras— disponen de una oferta infinita de series, pero, curiosamente, siempre acabamos viendo contenidos similares.

El algoritmo de las aplicaciones selecciona aquello que se supone que nos gusta más y nos lo muestra en la primera pantalla; por eso nos parece que el catálogo de títulos disponibles es muy limitado.

Ante esta situación, a veces pasamos más tiempo buscando nuevas series que viéndolas e, incluso, desistimos de encontrar alguna que nos satisfaga. Sin embargo, al final terminamos eligiendo una, que consumimos en forma de maratón.

Los atracones de series, más allá del sentimiento de vacío o insatisfacción que pueden dejar, suelen tener consecuencias en la memoria y la atención. Así lo describen los expertos de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) Elena Neira, experta en comunicación audiovisual, y Juan Luis García Fernández, neuropsicólogo clínico.

“Ese visionado tan rápido supone ofrecer al cerebro mucha información de golpe, sin que este pueda procesarla”, expone García Fernández en el portal cuidateplus.marca. com. Al final, “esa información no va a grabarse en la memoria y va a desaparecer”, detalla el experto.

“Memoria de pez” para las series

Efectivamente, la consecuencia más inmediata de consumir maratones de series e, incluso, compulsiva, es lo que vulgarmente se conoce como “memoria de pez”: al poco tiempo de haberlas visto, no recordamos prácticamente nada de su contenido.

En palabras de Neira: “ver muchos capítulos de golpe influye sobre dos procesos básicos sobre los que se construyen nuestros recuerdos”. Por un lado, “afecta a los procesos de codificación de la memoria que lleva a cabo nuestro cerebro cada vez que recibe una nueva información de interés, a los efectos de almacenarla correctamente y poder recuperarla más tarde”.

Y, por otro lado, con las maratones de series, se pierde el proceso de enlazar esa información con lo que ya está presente en la memoria, ya que “comentar la serie, reflexionar sobre ella mientras esperamos la siguiente entrega o leer artículos… todas estas actividades contribuyen a cimentar la memoria a largo plazo sobre bases más sólidas, porque las conexiones entre esos estímulos recién recibidos y el backup del cerebro son más fuertes”.

En cambio, cuando el espectador se entrega a una maratón, “las conexiones son más débiles y, por lo tanto, es mucho más fácil olvidarlas”, señala la experta.

Los efectos a largo plazo de las maratones

Cuando no recordamos las series que hemos visto, “no es que tengamos mala memoria, sino que estamos saturando el cerebro con demasiada información, sin darle tiempo a procesarla bien”, corrobora Neira en este artículo de cuidateplus.marca.com.

La gran pregunta es: ¿cuáles son los efectos a largo plazo de este patrón de consumo de televisión en formato de maratón? Conviene aclarar que nuestro cerebro no solo se nutre de contenidos televisivos, puesto que a lo largo del día realizamos otras actividades que estimulan nuestra capacidad de atención y memoria, como leer, relacionarnos socialmente o practicar deporte.

En todo caso, es lógico suponer que pasar largas horas viendo series de forma pasiva, a lo largo de meses o años, puede tener consecuencias deletéreas. Sin embargo, dado que se trata de un fenómeno relativamente nuevo, “aún no hay estudios que puedan determinar que exista un efecto nocivo a largo plazo”, resalta el neuropsicólogo.

Pero sí pueden aventurarse algunos efectos negativos, que no tienen por qué ser irreversibles. “La plasticidad cerebral depende de las cosas a las que nos enfrentamos y de los nuevos aprendizajes que tengamos en nuestra vida”, explica. Ver contenido similar una y otra vez no bloquea completamente esta capacidad, pero sí puede limitarla: “Si todo lo que vemos es predecible, la adaptación a nuevos retos y aprendizajes se reduce”.

Recomendaciones de los expertos

Los especialistas tienen claro lo que hay que hacer: recuperar el control. Espaciar la cantidad de capítulos de las series, elegir de forma consciente, explorar más allá de lo que nos sugiere el algoritmo y comentar lo que hemos visto contribuye a mejorar tanto la experiencia como la salud cognitiva, en la que la atención y la memoria son esenciales.

García Fernández subraya la conveniencia de dar una oportunidad a aquellas series que a priori nos apetecen menos. La idea es salir de nuestra zona de confort para así estimular nuestras habilidades cognitivas, al activar “regiones cerebrales frontales relacionadas con el pensamiento crítico y el aprendizaje de nuevas informaciones”.

Porque finalmente, estas formas más activas de enfrentarnos a las actividades diarias (relacionarnos socialmente, leer, jugar a videojuegos o aprender idiomas) son clave para potenciar la denominada reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para resistir al deterioro cognitivo debido al envejecimiento, a enfermedades o a lesiones cerebrales.